Un grupo de científicos informó el martes que descubrió de qué forma los cultivos como el arroz absorben el arsénico, un hallazgo que podría ayudar a evitar que las personas consuman niveles peligrosos del venenoso metal.

El mismo gen que ayuda a combatir las infecciones micóticas parece permitir que las células vegetales absorban una forma peligrosa del metal, reveló el equipo de investigadores suecos y daneses.
“Nuestras observaciones (…) brindarían una clave para el desarrollo de cultivos de bajo contenido de arsénico para la producción de alimentos”, escribió el equipo de la Universidad de Copenhague en Dinamarca y la Universidad de Gotenburgo en Suecia, en la revista BioMed Central Biology.
El arsénico, un elemento común y de surgimiento natural, puede desarrollarse en las plantas o en los cuerpos de los animales y los seres humanos y causar enfermedad y cáncer, aún mucho tiempo después de la exposición.
El agua contaminada es la principal fuente de envenenamiento con arsénico, seguida por los alimentos con alto contenido del metal, especialmente el arroz que ha sido irrigado con agua contaminada por arsénico, señalaron los autores.
Decenas de miles de personas en varios países en desarrollo y desarrollados beben agua que contiene niveles de arsénico superiores a los indicados como seguros por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según una investigación presentada el año pasado.
El equipo escandinavo inyectó en levadura la versión del gen del arroz que controla cómo las células absorben el compuesto dañino y luego comparó lo que sucedía en levadura sin el producto de ese gen, conocido como proteína semejante a la nodulina 26.
La levadura con estas proteínas “transportadoras” acumuló el compuesto del arsénico mientras que la otra no lo hizo, dijo Thomas Jahn, investigador de la Universidad de Copenhague que dirigió el estudio.
“Esta es la prueba genética”, indicó Jahn en una entrevista telefónica.
Este mismo gen además juega un rol protector al permitir que los cultivos absorban silicona en las paredes celulares como defensa contra las infecciones micóticas, añadió el equipo.
Los hallazgos podrían algún día conducir al desarrollo de cultivos genéticamente modificados para permitir que el arroz, por ejemplo, acumule silicona pero no arsénico, dijo Jahn.
“La planta no puede discriminar entre estos compuestos muy similares, uno de los cuales es extremadamente tóxico y el otro que es extremadamente importante para la vida”, finalizó el experto.
Reuters Health - Londres



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