Empresuchas

De Sidenor dependemos 500 familias, un número con capacidad suficiente para movilizar a la ciudadanía

Escrito por Pirizoe el Lunes, 30 de Abril del 2007 a las 1:14 pm, 916 lecturas



BEGOÑA MARTÍN
VITORIA. Para el medio millar de personas que cada día acuden hasta Portal de Gamarra a trabajar en la fábrica de Sidenor -para muchos seguirá siendo la mítica Forjas Alavesas, en Vitoria desde 1951-, la noticia ha caído como un mazazo. La dirección de uno de los mayores grupos siderúrgicos planea, en el horizonte del año 2011, desmantelar las instalaciones de la capital alavesa. Una situación que les crea inquietud y malestar porque “su fábrica”, como algunos la consideran después de 30 años trabajando, parece tener cerca el fin de sus días.

Para una persona que lleva desde los años 70 en el grupo Sidenor, ¿cómo le ha afectado saber que la dirección prescindirá de 190 trabajadores en Vitoria y que prevé el cierre de la factoría en cuatro años?

Después de tantos años, las situaciones difíciles han sido varias. A mí, por ejemplo, me afectó todo el tema de la reconversión industrial. Comencé a trabajar en 1976, y en el 82 ya comenzaron los problemas con la reconversión, lo que afectó al grupo Sidenor, que en aquella época contaba con 18 centros de trabajo en el País Vasco.

¿Ésta y otras situaciones complicadas son las que le han impulsado a integrarse en el comité?

Hace muchos años comencé a militar en la clandestinidad con Comisiones Obreras y me tocó correr en los montes de Andoain. Cuando se legalizaron los sindicatos, me pasé a UGT, donde llevó afiliado desde el año 1980.

¿Cómo se han tomado sus compañeros que Sidenor pretenda prejubilar al 50% de la plantilla fija de Vitoria antes del año 2011?

Se toma muy mal. Yo tengo 54 años y llevo trabajando 31, más de la mitad de mi vida, en Sidenor. Hay un sentimiento extraño entre los trabajadores, agridulce diría yo. Dulce en el sentido de que si a un trabajador le tocara la prejubilación, se marcharía en unas condiciones dignas. Pero por otra parte, muchos hemos dejado ahí más de la mitad de nuestra vida. Hemos conocido la modernización, las nuevas instalaciones, las peleas con los vecinos del barrio de Zaramaga por el tema del ruido, las inversiones, cómo ha crecido la empresa. Hemos llegado a trabajar hasta 1.500 operarios. Hacíamos asambleas donde participábamos más de un millar de personas y ahora tan sólo nos juntamos un grupo.

¿Cómo afronta el comité de esta factoría la negociación de una decisión que ya parece zanjada?

Te invade la nostalgia al ver que todo eso se cae y que se puede cerrar el sitio donde hemos dejado muchos años de nuestra vida. Han trabajado hijos de operarios. Tenemos hasta tres generaciones en algunos casos. Y hay que tener en cuenta que no es una empresa en crisis, todo lo contrario. Es una compañía que se quiere modernizar y que quiere concentrar su actividad para poder ganar más dinero. Entonces, con todo esto apoyan la propuesta del comité y es que negociaremos un plan social, no sólo con prejubilaciones, sino que también incluya un plan de futuro. Cuando la acería de Vitoria se trasladó a Bizkaia, conseguimos acordar unas condiciones de continuidad, junto con prejubilaciones. Con el acuerdo de 1998, en el que también participaron el Ayuntamiento de Vitoria y la Diputación de Álava, la empresa se comprometió a permanecer como mínimo 12 años, que se cumple en 2010. Si se cerrara antes de esos años, el pacto recoge que tanto la propiedad horizontal como la vertical de Sidenor en Vitoria pasaría a manos de los trabajadores por el precio de 1 euro.

Pero si la empresa lleva adelante sus planes, no incumple ningún acuerdo. Ha previsto que las medidas se apliquen de manera paulatina en los próximos cuatro años.

Sí, ha sido muy inteligente. Pero no pactamos que en esa fecha la fábrica se cerraría. Somos una plantilla de medio millar de trabajadores, 420 operarios de producción y el resto de subcontratas en el tema de transporte interior, botiquín, guardas de seguridad, mantenimiento y limpieza. Hablamos de 500 familias, un número con capacidad para movilizar a la sociedad alavesa. El sentimiento de muchos trabajadores hacia la fábrica es muy arraigado. La consideran su empresa, en el sentido de propiedad, después de tantos años. Hoy en día, en Sidenor trabajamos 360 fijos, para los que ofertan 190 jubilaciones anticipadas. Hay gente que está en el umbral de los 58 años de edad, trabajadores que han conocido las épocas malas en las empresas. Entonces, desde el comité no nos podemos cerrar a negociar un plan social, pero en ningún caso podemos permitir el traslado de la fábrica.

La empresa alude al ahorro de costes y a la posibilidad de ser más competitiva si lleva a cabo la concentración de su actividad.

La centralización de las operaciones de Sidenor tan sólo se realiza para poder obtener más beneficios económicos, al margen de lo que la dirección argumenta.

¿Cómo vivieron los trabajadores la llegada del centro comercial El Boulevard, que se ha convertido en el vecino ‘puerta con puerta’ de la fábrica?

El centro, que ocupa unos 120.000 metros cuadrados, se sitúa donde antes estaban las antiguas instalaciones de Forjas y la acería que se trasladó a Bizkaia. En este segundo caso, se produjo una mala visión empresarial porque se trata de una acería que hacía muy poco tiempo se había modernizado con una importante inversión. Se hizo nueva y en vez de en ese terreno, tenían que haber elegido otra ubicación. Se habrían evitado las broncas con los vecinos.

¿Siempre ha habido problemas con la gente del barrio de Zaramaga?

Siempre, por la sencilla razón de que la fábrica estaba a escasos 70 metros de sus viviendas. Y un horno eléctrico produce unos decibelios altísimos. Después de una denuncia que los vecinos interpusieron hace muchos años contra Forjas Alavesas, una sentencia obligó a la empresa a instalar en todas las viviendas cercanas un doble cristal en las ventanas. Entiendo que los vecinos se quejaran.

¿Y buscarle otra ubicación a la fábrica en algún polígono industrial, en un entorno más adecuado a sus necesidades?

Es uno de los planteamientos imprescindibles para negociar. Si conseguimos que la fábrica se traslade a un polígono en Vitoria, en Jundiz o en Nanclares, nos aseguraremos el futuro. El traslado implicaría inversión en nuevas tecnologías. Si permanecemos en la ciudad, siempre vamos a tener sobre nosotros una espada de Damocles . Es una realidad. Si merma la plantilla, perderíamos la fuerza social e incluso los ciudadanos entenderían el traslado a Bizkaia porque sólo quedarían cuatro trabajadores dentro. Estamos dispuestos a negociar un plan de futuro con ajustes, pero siempre que la dirección lleve la fábrica a otra zona industrial de Vitoria.

Es lógico entonces que, si el plan de la empresa es desmantelar la fábrica de Vitoria, se niegue a aplicar contratos relevo.

Claro. La empresa lo que pretende es eliminar el mayor número de puestos de trabajo en Vitoria a través de la extinción de los contratos. Cuantos más puestos de trabajo consiga reducir, menos problemas se va a encontrar para llevarse la fábrica de Vitoria a Basauri. Lo que le exigimos es negociar extinciones acompañadas con contratos de relevo para los jóvenes.

Fuente:http://www.noticiasdealava.com

Categoria: Álava, País Vasco (Euskadi)


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