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Italia: Gitanos rumanos en el ‘ojo del huracán’ vuelven a casa con estigma de criminales

Escrito por Pirizoe el Lunes, 12 de Noviembre del 2007 a las 11:06 am, 1,205 lecturas



Cientos de gitanos rumanos, en ‘el ojo del huracán’ en Europa por un crimen cometido supuestamente por uno de ellos en Italia, vuelven a casa -expulsados o por temor a represiones- donde se enfrentan al estigma de criminales.


Parientes y vecinos de Nicolae Romulus Mailat, investigado en Roma por la muerte de una italiana de 47 años y por robo, volvieron precipitadamente desde Italia a la localidad de Avrig, cerca de la ciudad de Sibiu, huyendo espantados de los ‘carabinieri’ que, según sostienen, les amenazaron.

Los gitanos se enfrentan ahora a un ambiente de desprecio por parte de los rumanos, que los tratan de ‘criminales’, según dijeron a la emisora ‘Realitatea TV’.

‘Aquí no tengo miedo, pero me siento avergonzada porque la gente nos abuchea y dice que somos criminales’, declaró la tía de Mailat, Daniela Zotinga, quien asegura que trabajaba honradamente en Italia.

Los gitanos de Avrig confiesan que quieren volver a Italia una vez que la situación se haya calmado.

Varias decenas de gitanos fueron expulsados de Italia conforme a un decreto que permite ‘el alejamiento’ de emergencia de los ciudadanos comunitarios en interés de la seguridad pública.

Dos de ellos, Mihai C. y Marius E., que acaban de llegar a la localidad rumana de Tecuci (este) aseguran sin embargo que nunca volverán a Italia, atemorizados todavía tras los dos días que pasaron arrestados por la policía italiana.

‘No queremos ser confundidos con delincuentes’, señala Marius C., quien añade que ambos trabajaban en una lavandería de Padua y que el único motivo de su expulsión fue la falta de un domicilio estable.

Los gitanos de Rumanía constituyen una gran comunidad étnica, oficialmente formada por unas 535.000 personas pero estimada en casi 1,5 millones, con costumbres y valores propios, que viven al margen de la ley en su país de origen, y donde no están integrados social y culturalmente.

En la periferia de la localidad de Targoviste, a 100 kilómetros al norte de Bucarest, en un barrio de casas de adobe destartaladas, se hacinan unas mil personas en un verdadero ‘gueto’, como otros muchos en los que viven miembros de la etnia gitana de este país.

‘No tenemos empleos estables, las autoridades y las compañías nos discriminan porque somos gitanos’, se queja a EFE un hombre de unos 45 años, y explica que los empleadores les piden documentos que certifiquen sus antecedentes penales.

Asimismo, subraya lo difícil que es encontrar trabajo tras el declive de las industrias locales.

‘Vivimos de la basura. Recogemos chatarra y recipientes de plástico. No podemos enviar a nuestros hijos a la escuela porque todo es caro’, se lamenta también una mujer.

Chavales con chalecos de piel y muchachas con grandes collares de oro, con teléfonos móviles caros se cruzan en la calle con viejos sin dientes, de caras arrugadas y trajes modestos.

Dos carros de caballos se hacen a un lado ante un Audi A6.

‘La mayoría de los jóvenes son nuestros ‘clientes’, cuando no se han ido para España’, dice la portavoz de la Policía local, Pamela Ropotan, que acompaña a EFE por el barrio gitano.

Un estudio de la Agencia Nacional para Romanís, organismo estatal encargado de la asistencia y los programas para la inclusión social de los gitanos, reveló que el 28 por ciento está parado, mientras que la tasa de desempleo en Rumanía es del 4 por ciento, y que el 38,6 por ciento es analfabeto funcional.

El 19 por ciento de los hombres en edad madura y el 27 por ciento de las mujeres sólo han ido a un año de clase primaria, mientras que el 18 por ciento de los niños entre 7 y 16 años nunca fueron a la escuela.

Además, se calcula que al menos 50.000 de ellos están indocumentados.

La directora de la organización no gubernamental Romani Criss, Magda Matache, señala que el problema de los gitanos no es la asistencia social sino la integración en la sociedad, y critica la ‘estrategia gubernamental para romanís’, un programa que en su opinión ha hecho pocos progresos desde que fue creado en 2001.

Por su parte, el sociólogo Alfred Bulai destaca que numerosos gitanos ya están integrados, aunque hay grupos que llevan un estilo de vida tradicional, en conflicto con los valores de la sociedad y que no quieren integrarse.

Bulai cita como fuentes de conflicto social el nomadismo, la costumbre de sacar a los niños de la escuela y casarlos a edades muy tempranas, las ocupaciones tradicionales que se sustraen al circuito económico legal, instancias judiciales y leyes arcaicas propias, así como líderes que se autodenominan reyes o emperadores.

AGENCIA EFE

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