EL AGRICULTOR EN PELIGRO DE EXTINCIÓN.
Escrito por admin el Jueves, 2 de Octubre del 2008 a las 11:33 pm, 157 lecturas
Resumen de la
tragedia en los campos valencianos y de la crisis de precios en los
alimentos:
EL AGRICULTOR
EN PELIGRO DE EXTINCIÓN.
Vicent Boix.
Escritor, autor
de “El parque de las hamacas”. http://www.
El presente
artículo no pretende ser un riguroso estudio científico sobre la causa
de la crisis agrícola. Ni es el objetivo, ni su autor está capacitado
para hacer semejante tarea faraónica. Se pretende únicamente dar una
serie de datos que concitarán una serie de conclusiones personales.
Para ello, se analiza someramente la crisis de la citricultura valenciana
(España), que puede servir como muestra de otras crisis en otros lugares.
El autor proviene de una familia fuertemente enraizada en la citricultura
valenciana desde hace varias generaciones y durante los últimos años
trabajó en un comercio de exportación de naranjas, lo que le permitió
conocer y palpar la crisis y la zozobra en primera persona. Además
ha vivido tres años en Centroamérica, lo que le ha permitido conocer
en mayor o menos grado la crisis agrícola en dicho continente.
Justo cuando
se estaba redactando este escrito se produjo la triste noticia del fallecimiento
de Joan Brusca (secretario de la Unió de Llauradors i Ramaders).
Sirva este artículo de homenaje y de recuerdo para este gran defensor
del campo valenciano.
Las buenas
épocas.
La naranja
era fuente de riqueza que determinó la historia, progreso e idiosincrasia
del País Valenciano. Fue motor durante aquellos años, no sólo de
la economía valenciana, sino también de la española. Vicente Caballer,
Catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia, afirma al respecto
que: “Los españoles tienen una deuda histórica con los valencianos
debido a que la producción, comercialización y exportación de naranjas
y mandarinas puede ser considerada como la principal actividad económica
de España a lo largo de todo el siglo XX si tenemos en cuenta la aportación
al PIB, a la Balanza de Pagos y su carácter social…”.1
Según el mismo autor, las exportaciones de naranja suponían el 20%
del total en España en el año 1930 y el 16% en 1962, época en la
cual irrumpe el turismo y se moderniza la industria. En el año 2002,
todas las exportaciones del País Valenciano supusieron el 12% del total
de la nación.2
De la misma
manera, todas las labores asociadas al campo proporcionaron trabajo
a infinidad de personas ocasionando grandes flujos migratorios hacia
tierras valencianas. La naranja marcó también las tradiciones, el
paisaje, la lengua y la cultura propia, condicionando festividades,
aleccionando una serie de costumbres autóctonas, etc. Sin rubor se
puede afirmar que la naranja generaba trabajo y futuro, y lo que es
más importante, dicha riqueza se distribuía entre mucha gente por
cuanto las explotaciones eran minifundios en manos de miles de pequeños
agricultores. Los trabajos asociados al campo repartieron el patrimonio
a mucha más gente.
La hecatombe.
La otrora brillante
y espectacular agricultura valenciana no es ni sombra de lo que era.
Las condiciones comerciales que sufren los agricultores (productores),
son inaceptables en cualquier país desarrollado y democrático. Subrayar
que la crisis la sufren los productores, porque el resto de cadena productiva,
especialmente los distribuidores, gozan de excelente salud económica.
Valgan algunas cifras y datos para entender la dimensión de la tragedia:
-En muchos
casos, el agricultor no vende las naranjas con un precio prefijado al
operador (comercio privado o cooperativa. Denominados también
comerciantes. Compran las naranjas al agricultor, las confeccionan,
las envasan y las venden a un distribuidor, mercado de abastos,
centro comercial, supermercado, etc.). Existe un contrato de compra-venta,
pero no siempre se usa. El agricultor entrega los cítricos y al final
de temporada recibe una cantidad de dinero del operador. Expoliar la
renta del agricultor bajo esta modalidad se denomina “Compra a resultas”
o “Comercializar”.
-En la campaña
2005-2006 el agricultor percibió el 68% menos respecto a 1997, según
la Unió de Llauradors i Ramaders -asociación englobada dentro
de la nacional Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos
(COAG). Para la Federación Provincial de Agricultores y Ganaderos de
Castellón (FEPAC) -enmarcada en la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores
(ASAJA)- los precios de dicha temporada fueron inferiores a los de hace
20 años.3 El agricultor ha sufrido un aumento en los bienes
de consumo que necesita para vivir, sobre todo en la vivienda, mientras
el valor de sus cítricos ha bajado vertiginosamente.
-En la misma
temporada y con datos de la Unió de Llauradors i Ramaders, los
costes de producción aumentaron casi un 12% respecto a la media de
los últimos cinco años.4 Un estudio de la Universidad Politécnica
de Valencia, publicado en diciembre de 2006, establecía en 0,19 euros/
kilo el valor de los costos de producción.5 En esa misma
época y según la FEPAC, la Conselleria de Agricultura6
había fijado el precio de dicha variedad en 0,19 euros/kilo en el campo,7
aunque realmente algunos operadores estaban pagando cantidades que oscilaban
entre los 0,12 y 0,18 euros/kilo.8 Estos datos muestran como
los precios recibidos no cubrían ni los costes de producción. El Comité
de Gestión de Cítricos, la Federación de Cooperativas Agrícolas
y CITRUSAT, precisaron que el precio justo a pagar al agricultor sería
de 0,55 euros/kilo.9 La realidad era más testaruda pues
se pagaba una tercera parte de dicho precio justo.
-Según el
Censo Agrario, el campo valenciano perdió casi el 50% de los titulares
de explotaciones entre 1989 y 2003. En 1989 se contabilizaban 286.886,
en 1999 bajó a 222.454 y para 2003 la cifra sufrió una merma espectacular
situándose en 149.207 titulares (En el País Valenciano existen más
de 4 millones y medio de personas). En los últimos años, los titulares
de explotaciones jubilados aumentaron del 33,58% al 37,65%. Sólo el
1,7% de los agricultores tiene menos de 30 años.10 En Castellón
(una de las tres provincias del País Valenciano), los agricultores
representan el 7% de la población activa.11
-De 2000 a
2004 la superficie citrícola disminuyó un 5% gracias en parte al negocio
inmobiliario, que desgraciadamente supone la única vía de escape ante
la agonía. Evidentemente pocos se benefician, aunque la metamorfosis
del territorio ahí está: agricultura por cemento.12
-En un estudio
del Observatorio Ocupacional del Servicio Público de Empleo Estatal,
publicado en los medios en diciembre de 2006, la agricultura había
sido la única actividad económica con un comportamiento negativo en
Castellón. Los puestos de trabajo ligados al campo fueron los únicos
que descendieron en los últimos tres años.13
-En la campaña
2006-2007 y según el Ministerio de Agricultura, el descenso del precio
de los cítricos para el agricultor fue casi 30 veces mayor que la media
de los otros productos alimentarios. Esta disminución sitúa al naranjero
como el agricultor que más ingresos perdió, aunque eso sí, la media
estatal en el sector agroalimentario fue también negativa.14
-En la finalizada
campaña 2007-2008, la producción se vio mermada en un 25% respecto
al año anterior, lo cual debería haber repercutido en una ligera subida
de los precios. Sin embargo el aumento del valor ha sido inexistente
o pírrico en el mejor de los casos. Muchos operadores han seguido comprando
“a resultas”.
-Según la
FEPAC, entre un 5 y 10% de las fincas naranjeras castellonenses, o se
han abandonado o no están bien cuidadas. Siguen existiendo productores
que no han cobrado la naranja del año anterior y otros asociados a
cooperativas tuvieron incluso que pagar.15
Los motivos.
Existe consenso
generalizado entre agricultores, operadores y organizaciones de diversa
índole en cuanto a los motivos de la agonía del campo valenciano.
Destacaríamos tres principalmente, muy relacionados entre si.
1-Concentración
de la demanda.
Vicent Goterris,
de la Unió de Llauradors i Ramaders,
advierte que “Cinco grandes cadenas controlan el 40% de la producción
y eso es una barbaridad”.16 Según la European Marketing
Distribution, en los próximos años, 10 cadenas de minoristas podrían
dominar el 70-75% del mercado alimentario europeo.17
La mayoría
de naranjas y mandarinas que se produce en España van a mercado europeo,
y evidentemente esta concentración de la demanda unida al exceso de
oferta, derivan en prácticas abusivas por parte de intermediarios y
grandes cadenas, llegando a exigir los precios a pagar y las características
de las naranjas. Los operadores ven estipulado y ahogado su precio de
venta, aunque no lo defienden y acaban trasladando dicha reducción
al agricultor a quién compran sin precio y tras hacer las cuentas le
dan una pequeña limosna.
Las organizaciones
de agricultores coinciden en señalar a estos dos agentes (operadores
y grandes cadenas de distribución), como responsables de la tragedia
de la naranja. Los que menos notan la crisis son los grandes operadores
y multinacionales agro exportadoras, que al trabajar con volúmenes
estratosféricos de fruta pueden permitirse el lujo de vender barato
y seguir obteniendo beneficios. Por eso, a la paulatina reducción de
agricultores también hay que añadirle la desaparición del pequeño
operador tradicional al no poder competir.
Sin embargo,
falta el tercer y principal culpable en todo este caos: las diferentes
administraciones políticas escudadas en la ortodoxia neoliberal. Se
ha permitido y se ha facilitado que grandes supermercados y centros
comerciales vayan desplazando al pequeño comercio familiar de toda
la vida, monopolizando la distribución y venta no sólo de las naranjas,
sino de la mayoría de productos de consumo. No se ha establecido ninguna
legislación en materia de precios agrarios. Se tolera vergonzosamente
que los agricultores reciban migajas a cambio de unas naranjas que llegan
al consumidor a unos precios astronómicos. Supuestamente esta es la
tatareada libertad de comercio, pero aún hay más.
En una entrevista
al “socialista” Josep Puxeu cuando era Secretario General del Ministerio
de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), se le relató la queja
de las organizaciones agrarias sobre la responsabilidad en la crisis
de precios de las grandes empresas distribuidoras y supermercados. Pues
bien, el Sr. Puxeu, respondió a esta queja de la siguiente forma:
“Culpar a la distribución en muy fácil y quedas como un campeón
cuando lo haces, pero el resultado que nos muestra el Observatorio de
Precios es que los márgenes que se aplican son estrechos y no indica
una posición de abuso.”18
Al analizar
someramente los precios de la variedad clementina que ofrecía el Observatorio
de Precios del MAPA,19 se percibió un primer punto que dejaba
en entredicho las afirmaciones del Sr. Puxeu: Dichos precios se calculan
mediante estudios en el mercado nacional, mas sin embargo los propios
datos del Observatorio indicaban que cerca del 60% de la producción
de mandarina española se exportaba.
El Observatorio,
para la campaña 2006-2007, determinó que el productor obtenía el
10% del precio final en destino. Es decir, le pagaban a 0,17 euros/kilo
una fruta que llegaba al consumidor a un precio de 1,62 euros/kilo.
El mayorista se quedaba con el 31% y el minorista con el 59%. Según
FEPAC, el precio de la clementina en los supermercados de Castellón,
en la temporada 2006-2007, se incrementó entre un 650% y un 1500% respecto
al precio en el campo.20 En un estudio de la Unió de
Llauradors i Ramaders del año 2005, se estipulaba el precio medio
que percibía el agricultor en 0,19 euros/kg. Con referencias de la
Universidad Politécnica de Valencia mencionadas por la Unió,
se indicaba que la clementina salía de los operadores a un precio promedio
de 0,47 euros/kilo. El precio final de venta en supermercados era de
1,99 euros/kilo. Es decir, el agricultor obtenía el 10% del precio
final, el comerciante y la cooperativa el 15% y los intermediarios y
supermercados se llevaban el 75% del valor final.21 Según
las organizaciones agrarias, en algunos lugares de Europa se llegaron
a vender a 3 euros/kilo, lo que muestra una posición de abuso mayor
hacia el productor y el consumidor.22
Contrariamente,
algunas cadenas de supermercados como Aldi
y Lidl vendieron naranjas a precios excesivamente bajos (incluso
por debajo del precio de coste) como una especie de reclamo para atraer
a potenciales clientes. Esta práctica, que obliga a otros minoristas
a bajar precios y que comprime más aún los márgenes de ganancia,
es repudiada por las organizaciones de agricultores que incluso elevaron
una denuncia a la Comisión Europea,23 aunque en abril de
2006 este organismo concluyó que no había posición de abuso de ambos
supermercados.
Pues bien,
ante este panorama de indefensión, despotismo y de autoritarismo de
las grandes cadenas, intermediarios y supermercados, el hecho de defender
un precio justo para el agricultor fue tildado por un funcionario público
de alto rango del MAPA como “quedar como un campeón”. Que
el agricultor no cubra gastos y perciba de media un 10% del precio final
de venta al consumidor “no indica una posición de abuso”.
2-Sobreoferta
de naranjas y mandarinas.
A-Aumento
de la producción
Un pequeño
comerciante entrevistado comentaba que él compraba y manufacturaba
naranjas para luego cederlas sin precio a un intermediario. O sea, que
los agricultores ceden sus naranjas sin precio a un operador que, en
algunos casos, las vende a los intermediarios también sin precio. La
gran pregunta es ¿Cómo se ha llegado a esta dinámica? ¿Por qué
los agricultores y operadores no tienen la sartén por el mango?
Tomás García
Azcárate, Jefe de la División Hortofrutícola de la Unión Europea,
afirma: “Hay un exceso de oferta. La producción de cítricos ha
crecido mucho más que la demanda…”24 Leopoldo Arribas,
periodista, escritor y experto agrícola declara que “…dado el
fardo de toneladas de producción con que contamos, y que, se quiera
o no, son la clave del problema. Es imprescindible condenar un buen
montón de toneladas para que la próxima campaña no estemos aún peor
en cuanto a producción en cantidad.”25 Vicente Bordils,
representante del comercio privado, sentencia “La ley de la oferta
y la demanda se ha roto. Sólo hay oferta y ése es el drama.”26
Cualquier agricultor a quién se le pregunte dice lo mismo: hay mucha
naranja, pero ¿Por qué hay tanta naranja? Indudablemente porque no
ha existido ningún tipo de planificación desde ninguna administración.
Este incremento
ha sido dramático para el agricultor. Antes los operadores buscaban
al productor, ofrecían un precio y mandaban a los recolectores Ahora
a muchos se les queda la naranja en el árbol y otros las recolectan
ellos mismos y las transportan hasta el operador.
Algunos datos
sobre las naranjas y mandarinas en España
| 1962 | 1973 | 2003 | |
| Producción Nacional (toneladas) |
1.327.000 | 2.680.100 | 5.194.500 |
| Cantidad Importada (toneladas) |
10 | 5.060 | 387.380 |
| Superficie aprox. (hectáreas) |
92.000 | 197.915 | 251.226 |
Fuente FAO27
y MAPA (Cit. p. V. Estruch)28
A este aumento
de superficie y producción hay que añadirle otro fenómeno paralelo:
la disminución en el número de explotaciones. Entre 1989 y 1999 descendieron
prácticamente en todas las zonas naranjeras de España salvo en algunas
donde el incremento fue insignificante. Indudablemente el País Valenciano
acogió la mayor parte de estos abandonos.29 Estos datos
sugieren otro fenómeno más preocupante: se está produciendo una concentración
de la tierra. Si bien es cierto que muchos agricultores han venido adquiriendo
nuevas fincas, no son menos ciertos los comentarios de la gente del
sector que advierte como grandes empresarios de la construcción, azulejeros,
aristócratas, grandes comerciantes, etc. se han convertido en nuevos
y acaudalados terratenientes. Incluso hay grupos de inversión dedicados
a obtener réditos a través del cultivo de nuevas fincas citrícolas.
Los datos hablan por si mismo: los minifunditas de toda la vida desaparecen
ante la crisis, mientras los ricos e inversionistas acaparan cada vez
más tierra, producción y beneficios.
Ante estos
hechos, una de las demandas de las organizaciones agrarias ha sido exigir
al gobierno español que prohíba nuevos plantíos. El posicionamiento
de éste quedaron reflejadas en las palabras de Josep Puxeu, “número
dos” del MAPA: “…pedir que se limiten las plantaciones pues
queda muy bonito, pero es difícil que progrese porque las políticas
de contingentación no valen en la UE, que está apostando cada vez
más por la liberalización.”30
Hay dos aspectos
a destacar en esta declaración. El primero desde el punto de vista
técnico, al no ser verídico el razonamiento en toda su extensión
porque existen políticas de cupos en el marco de la UE. Como segundo
punto no se puede tolerar en un estado democrático, que decenas de
miles de personas pierdan su forma de vida porque así lo establezca
una doctrina económica destructiva, que desconocemos y que nos están
imponiendo sin consultarnos.
B-Importaciones.
En las importaciones
se pueden distinguir dos canales de entrada. El primero correspondería
a la fruta manufacturada que entra directamente en los mercados europeos.
Los productores en la cuenca del Mediterráneo se agrupan en una organización
denominada CLAM, que engloba a países como España, Francia, Italia,
Grecia, Turquía, Israel, Egipto, Túnez, Argelia y Marruecos. En la
temporada 2003/2004 y según datos de la Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), estos países fueron
responsables del 17% de la producción mundial de naranjas y del 25%
de mandarinas. Dentro de los países CLAM, España producía aproximadamente
un tercio de las naranjas y la mitad de las mandarinas. En cuanto a
exportaciones y según la misma fuente en la misma temporada, a la zona
CLAM le correspondía el 55% del total mundial en naranjas y el 72%
en mandarinas.31 Según datos del propio CLAM citados por
Vicent Estruch, Profesor de Economía y Ciencias Sociales de la Universidad
Politécnica de Valencia, en las últimas temporadas España ha exportado
el 50% de las naranjas y el 70% de las mandarinas de la zona mediterránea,
lo que supone si comparamos con temporadas de los años 80, un aumento
en la exportación de naranjas y el mantenimiento de la cuota en las
mandarinas.32 A nivel mundial, esto supondría que España
exporta alrededor del 25% de la naranja mundial y el 50% de la mandarina.
Los mercados de destino han sido los europeos, salvo porcentajes irrelevantes
a Estados Unidos y Oriente Medio. Comparar las cifras actuales con otras
más antiguas, permite concluir que España ha mantenido su cuota de
exportación a nivel mundial en naranjas y mandarinas. Por lo tanto,
este canal de importaciones no ha influido en la crisis de la naranja
valenciana.
Existe una
segunda vía de entrada de naranja de otros lugares del mundo, a través
de operadores españoles. Ximo Tirado y Doménec Nàcher, secretario
de comunicación y secretario técnico de la FEPAC respectivamente,
explican como los propios comerciantes y cooperativas compran naranja
del exterior para mantener sus mercados y clientes una vez finalizada
la campaña y la producción española, evitando así que otros se adueñen
de dicho espacio.33
Aunque destacan
que dichas importaciones se suelen efectuar fuera de temporada, es cierto
también que al principio y final del período éstas se han solapado
con la producción nacional. De hecho es una realidad la existencia
de producción extranjera en plena campaña como bien destaca Joan Brusca,
secretario de la Unió de Llauradors i Ramaders, quién afirmó
en el momento álgido de la temporada 2005/2006, que las importaciones
habían aumentado un 34% respecto al año anterior. Concluyó diciendo
que "El sector siempre ha tolerado este tipo de importaciones
porque, en un principio, se producían en contra estación y mantenían
los canales de distribución de nuestros operadores comerciales, pero
ahora conllevan problemas como plagas o el aumento de la competencia
como herramienta comercial para presionar los precios".34
Tirado y Nàcher ratifican las afirmaciones de Brusca sobre la calidad
y los problemas fitosanitarios de la producción foránea, y sobre todo,
su utilización como argumento de chantaje hacia el productor local.
Huelga decir que este tipo de importaciones en otros tiempos talvez
no hubieran supuesto un quebradero de cabeza, pero en épocas de crisis
como ahora representan un obstáculo más para el agricultor tradicional
valenciano.
Hay que especificar
que la importación de naranjas del exterior no tiene porque beneficiar
a los agricultores de los países del sur. Este falso axioma, perifoneado
muchas veces por las propias ONG’s, hay que analizarlo caso por caso
y en materia citrícola se derrumbaría ante ciertos datos. El 75% de
las explotaciones citrícolas valencianas (país del norte) son de menos
de 10 hectáreas y tan sólo el 2,5% superan las 20.35 Según
el Instituto de Comercio Exterior, en Marruecos (país del sur),
“El 75% de la superficie agrícola marroquí corresponde a pequeñas
explotaciones familiares, dedicadas prácticamente a una agricultura
de subsistencia. El 25% restante lo constituyen grandes explotaciones
agrícolas de regadío, modernas y con una clara vocación exportadora.”36
Por lo tanto en Marruecos, el pastel de la agroexportación está en
manos de unos pocos afortunados con grandes superficies de las mejores
tierras, entre ellos la propia monarquía marroquí.37 Paradójicamente
también hay agricultores españoles que han “deslocalizado” su
producción porque “Mientras que un bracero cobra en España 40
euros de media por jornada, en Marruecos reciben cinco. El agua, cuando
la hay, aquí cuesta 30 céntimos de euro el metro cúbico. Allí, 10
veces menos. Lo mismo pasa con el gasóleo para los camiones: un 25%
menos en Marruecos. Y, encima, la gran extensión de tierra que va a
tener le permite abaratar muchos costos.”
Como dato curioso, el 80% de las exportaciones freseras marroquíes
estaban en manos de empresarios españoles.38 Como se verá
más adelante, los agricultores del sur que destinan su producción
a la exportación tienen el mismo problema que los valencianos: el intermediario.
Por tanto, cabe afirmar que la exportación de productos agrícolas
desde Marruecos beneficia a un mínimo de latifundistas, aristócratas
y extranjeros; mientras que la exportación de cítricos desde el País
Valenciano fue una actividad que proporcionó futuro y trabajo a cientos
de miles de personas.
3-Problemas
estructurales del sector.
Para Ximo Tirado
y Doménec Nàcher, la sobreproducción no es tan grave ahora. Lo puede
ser en un futuro inmediato y por eso, junto a otras organizaciones agrarias,
han solicitado a las autoridades que limiten la superficie de cultivo.
En teoría,
el problema de la compra “a resultas” surge con el nacimiento de
las cooperativas. Éstas recolectan la producción de sus asociados
y al final de temporada reparten beneficios. Por su manera de funcionar
están obligadas a recoger toda la producción, incluida la fruta de
menor calidad. Si a ese hecho se le suma el incremento de producción
de los últimos años, la consecuencia es clara: se generan grandes
cantidades de fruta que van llenando las cámaras frigoríficas y que
tienen que salir a un mercado que monopolizan unos pocos intermediarios.
Este fenómeno se ve agravado por la desorganización varietal, ya que
una sola variedad de mandarina se cultiva masivamente lo que obliga
a los operadores a lanzar al mercado cientos de miles de toneladas en
tres meses. Antes, algunos comercios detenían los envíos cuando los
precios bajaban a la espera del incremento de las cotizaciones, pero
las cooperativas rompieron esa dinámica y los comercios privados se
vieron obligados a copiar prácticas como comprar sin precio o enviar
masivamente fruta sin consideración alguna. Y lo hicieron con suma
alegría, pues al comprar sin precio al agricultor pueden pagarle a
final de temporada lo que quieran. Si los ingresos totales han sido
menores porque los precios en el mercado fueron bajos, los operadores
restan a esos ingresos los otros costes de producción existentes, se
quedan con su porción de beneficios y el resto lo reparten al agricultor.
Como advierte Estruch, esta táctica genera un efecto perverso ya que
el operador está dispuesto a comprimir el precio de venta por kg.,
siempre y cuando logre cubrir costes y asegurarse una ganancia mínima.
Luego podrá aumentar esa ganancia si logra incrementar la cantidad
de Kg. vendidos. Por eso al operador le interesa sacarse de encima la
mayor cantidad de producción sin defender los precios. La gran cantidad
de fruta y la nula cooperación entre los operadores desembocan en una
competencia entre éstos por reducir al máximo los precios para poder
vender la naranja. El resto ya lo saben: pasotismo gubernamental.
Además Estruch
pone de manifiesto la opacidad de la compra “a resultas”, cuando
señala que el comercio privado, al final de temporada, establece el
precio a pagar al agricultor pero no explica cómo lo obtuvo. Se desconoce
el preció al que vendió la fruta, los costos de producción y su margen
de ganancia por Kg. El riesgo es mínimo.
Para Tirado
y Nàcher este es el caldo de cultivo que desemboca en la actual crisis
del productor. El problema no es ni la filosofía de las cooperativas
ni la presencia de muchos operadores, ya que en décadas pasadas había
más y sin embargo el sector progresaba y sembraba bienestar. El caos
se origina porque el mercado está en pocas manos y los operadores (que
son muchos) no se ponen de acuerdo en establecer un precio mínimo de
venta y más bien compiten entre ellos. Si se añade el problema de
la sobreproducción apuntado por otros expertos, se va conformando un
trágico cuadro clínico de la crisis naranja.
Las modalidades
de saqueo se han perfeccionado. Antes el distribuidor llamaba por teléfono
a diferentes operadores a ver quién ofrecía el producto más barato,
ahora hay un distribuidor que incluso dispone una página web donde
los operadores ingresan y ofertan a la baja sus naranjas y mandarinas.
En la web se indican las características exigidas por el comprador,
los operadores pujan y se va observando como el precio decrece progresivamente.
Conclusiones
y comentarios:
1- Hay dos
visiones contrapuestas de entender la agricultura. La primera, la
visión simplista y mecanicista del agro como un gran negocio en la
era de la globalización. Sometido sin previo aviso a la ortodoxia del
mercado y a sus falsas leyes de libertad, y que está o pretende estar
en manos de unos pocos. En la otra banda, la agricultura de subsistencia
y a pequeña escala. Conformada por cientos de millones de personas
que siembran para alimentarse y para tener un trabajo generando a la
vez bienestar y futuro. Que garantizan la seguridad y la soberanía
alimentaria, mantienen vivo el tejido rural, enriquecen la diversidad
cultural y ofrecen mayor protección y equilibrio al medio ambiente.
Ambos modelos son incompatibles pues el primero busca maximizar y acaparar
la riqueza desplazando al segundo.
2-El tan
cacareado libre mercado es una falacia. Sus pilares teóricos no
se aplican por igual y su funcionamiento no es autónomo y ajeno a la
intervención. Se manipula en beneficio de los grandes intereses. Como
dice Noam Chomsky (profesor de Lingüística en el Instituto Tecnológico
de Massachusetts y ensayista político):
“Son programas neoliberales para las víctimas, pero no para los manipuladores.
(…) La gente que trata de imponer los principios del neoliberalismo
en el tercer mundo y en los slums (barrios bajos) de nuestras ciudades,
no quiere esos principios para ella misma. Quiere un poderoso estado
nodriza para protegerlos, como siempre.”39 Es una ilusión
pensar en el neoliberalismo como una coyuntura donde todo el mundo puede
participar y beneficiarse. Jean Ziegler, el ex relator especial de la
ONU para el derecho a la alimentación, recuerda que
“La liberalización total equivale a la organización de una pelea
entre el campeón mundial de boxeo
Mike Tyson y un desnutrido desempleado bengalí. Para decir después
al estilo de la OMC que las mismas reglas valen para los dos, que los
dos tienen los mismos guantes y que seguramente el mejor ganará. (…)
El neoliberalismo en sí es un sistema asesino.“40
La paulatina
concentración de los productos de consumo, los procesos de producción,
las materias primas y los servicios en manos de unos pocos y la cada
vez más precaria situación de la clase trabajadora y agrícola, es
la clara evidencia de qué es y para qué sirve el neoliberalismo. Alberto
Montero, Profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga,
lo explica así: “Yo creo que el problema actual obedece a que
con la liberalización de determinados sectores para favorecer una mayor
competencia que redunde en mayores beneficios para el consumidor (fundamentalmente,
precios más bajos y mejor servicio), se suele generar el fenómeno
opuesto al esperado porque las empresas lo que hacen es, en primer lugar,
tratar de expulsar a los competidores más débiles para, una vez controlado
el mercado por unas cuantas, esto es, llegados a una situación de oligopolio,
repartirse el mercado y fijar precios mediante comportamientos colusorios.”.4
En el caso de la citricultura valenciana, se ha visto como la intermediación
está en manos de unos pocos y al paso que vamos la tierra y la comercialización
también lo estará. Esta es la trampa del libre comercio.
3-La agricultura
valenciana es víctima del libre mercado. Dicha doctrina postula
la no intervención del estado en la economía. Esto deriva en que el
gobierno no gobierna y no puede plasmar las exigencias y soluciones
que desde las asociaciones de agricultores se proponen, dejando a éstos
a la deriva. No se pueden establecer precios mínimos, ni frenar los
oligopolios y abusos de la distribución, ni crear un fondo de crisis,
ni limitar la producción y en general, no se puede intervenir hacia
una solución integral de la crisis citrícola. Joan Brusca dejó entrever
este punto cuando dijo: “Esa reacción popular contrasta con las
de las diversas administraciones que no quieren saber nada del asunto
de los precios, echando balones fuera y desviando las culpas hacia otras
direcciones como si ellos no fueran gestores públicos de la cosa agraria”.42
Cristóbal Aguado, presidente de la Asociación Valenciana de Agricultores,
coincidió cuando denunció que “El sector está planteando importantes
propuestas para atajar la crisis, pero todas chocan contra la ineficacia
y la dejadez del Ministerio, que parece haber abandonado el sector a
su suerte. Tenemos un gobierno que agrícolamente no gobierna, sin rumbo,
que no atiende a las peticiones de los agricultores y que, por el contrario,
va a su bola conformándose con lo que la Comisión Europea le pone
delante y pensando en hipotéticas reflexiones globales cuando el campo
necesita desesperadamente unas soluciones eficaces y urgentes.”43
4-El concepto
de libre mercado sitúa en tela de juicio el concepto de democracia.
Por ejemplo, al preguntarle a Josep Puxeu sobre controles en la producción
para evitar la sobreoferta, él negó esa posibilidad amparándose en
la liberalización económica emprendida en el seno de la UE. La conclusión
es clara: el pueblo es abandonado, la democracia se desvirtúa, el mercado
se antepone a un demos sin cracia. Atilio Borón, Profesor
de Teoría Política y Social de la Facultad de Ciencias Sociales de
la Universidad de Buenos Aires y ex Secretario Ejecutivo del Consejo
Latinoamericano de Ciencias Sociales, afirma:
“…el debilitamiento de los Estados nacionales facilitado, por un
lado, por la extinción práctica de la idea de nación -supuestamente
subsumida bajo la corriente "civilizatoria" de la globalización-
y, por el otro, por el imperio de las políticas "orientadas hacia
el mercado" culmina en la degradación de la nación al rango de
un mercado. Además, lo anterior significa aceptar (…) que los hombres
y las mujeres de la democracia son despojados de su dignidad ciudadana
y se convierten en instrumentos, en simples medios, al servicio de los
negocios de las empresas.”44 Sin embargo, esa
libertad de mercado que acaba con el sustento de miles de personas,
no se aplica a todos por igual.45 Recientemente, Estados
Unidos estudiaba la mayor intervención estatal de la historia por un
monto de 700.000 millones de dólares, a fin de para salvar el sistema
financiero. Por las mismas fechas, en una muestra de cinismo sin parangón,
la patronal española pedía al gobierno “un paréntesis en el libre
comercio”. Es decir, no quieren intervencionismo para que no se obstaculicen
sus negocios, pero cuando lo revientan todo tiene que ir “papa estado”
para apagar el fuego con dinero público. Privatizando los beneficios
y socializando las pérdidas.
5-En otras
partes el neoliberalismo también ha devastado la agricultura. En
América Latina, el principal problema con los tratados de libre comercio
y demás acuerdos neoliberales estriba en la reducción de los aranceles
en algunos productos, que ha permitido la importación de los excedentes
subvencionados desde Estados Unidos a unos precios más competitivos.
Además los gobiernos han ido abandonando a los agricultores a su suerte,
de manera similar a lo acaecido con los citricultores valencianos. Esto
ha producido el desplazamiento de la producción local y la consecuente
ruina de millones de personas. Según datos de Hernán Pérez Zapata,46
Colombia antes podía auto abastecerse de su propio trigo hasta que
el estadounidense fue invadiendo sus mercados. En 1966 el país sudamericano
producía 160.000 toneladas e importaba 120.000. En 1990 cultivaba 20.000
e importaba 1.200.000. En el 2004, la importación superó 1.800.000
toneladas. En el maíz, de 1990 a 2002, el país pasó de
importar 20.000 toneladas a 1.800.000.47 Cabe recordar que
el maíz, el trigo y el arroz representan el 60% de la alimentación
mundial y en algunas sociedades son la base nutricional de la ciudadanía.
Si además tenemos en cuenta que de la agricultura depende el 75% de
la población en China, el 77% en Kenia, el 67% en la India o el 82%
en Senegal; se puede observar perfectamente que esta serie de medidas
económicas pueden arrastrar a la miseria, hambre y ruina a cientos
de millones de personas.48 En México, la Confederación
Nacional Campesina denuncia que a diez años del Tratado de Libre Comercio
entre USA, Canadá y México (NAFTA)“…sólo quedan 5 mil 200
productores de arroz en todo el país, cuando hace una década eran
casi 30 mil, y si antes se sembraban unas 250 mil hectáreas, la superficie
actual apenas llega a 70 mil.”49
Y en ese mismo país “Investigadores de varias universidades mexicanas
como Alma Ayala Garay aseguran que aproximadamente emigran al año 40.000
habitantes de las zonas rurales y de esos, muchos se dedicaban a los
cultivos de frijol y maíz”.50
6-Hay que
acabar con mitos y estereotipos tales como “agricultores del sur”
y “agricultores del norte”. Más adecuado sería distinguir entre
pequeños y grandes agricultores, o simplemente entre ricos y pobres.
Vía Campesina lo dice bien claro: “…el verdadero conflicto -en
torno a los alimentos, la agricultura, la pesca, las fuentes de trabajo,
el medio ambiente y el acceso a los recursos- no es entre el Norte y
el Sur, sino entre ricos y pobres. Es un conflicto que gira en torno
a los diferentes modelos de producción agrícola y desarrollo rural,
un conflicto que está presente tanto en el Norte como en el Sur. Es
un conflicto entre la agricultura industrializada centralizada, controlada
por las corporaciones y orientada hacia las exportaciones, por un lado,
y la producción campesina y familiar sustentable y descentralizada
principalmente destinada a los mercados nacionales, por otro.”51
¿Acaso se
benefician los pequeños agricultores marroquíes de la exportación
citrícola? Se ha visto que no y es más, salen perjudicados como indica
Aakik Driss, secretario general del Sindicato de Campesinos de Aoulouz
(provincia de Taroudant):“El régimen marroquí defiende siempre
los intereses de los compradores y de los grandes propietarios en la
llanura de Souss, quienes, tras arrancar los arganes, ocuparon las tierras
colectivas de los campesinos pobres en la zona. Todo ello para implantar
campos de hortalizas y cítricos, o lo que es lo mismo, para impulsar
una agricultura capitalista destinada a la exportación hacia Europa.
El embalse se construyó con el sudor y la sangre de los campesinos
pobres de Ouzioua que perdieron sus tierras, su único medio de subsistencia,
a cambio de indemnizaciones ridículas…”52 En la
otra banda tenemos la citricultura valenciana, que aún hoy aunque cada
vez menos, está conformada por miles de minifundistas. Unos pocos viven
de sus cosechas y el resto tienen otros trabajos, aunque oxigenan con
la tierra la cada vez más apretada economía familiar. Muchos cultivan
en sus parcelas otros alimentos para consumo doméstico. ¿Quién sale
perdiendo en esta coyuntura? Sin duda alguna, minifundistas y campesinos
valencianos y marroquíes.
7-Esta división
geográfica errónea desemboca en un segundo mito que convendría revisar,
defendido incluso por algunas ONG’s. Me refiero a la petición de
eliminación de los aranceles en el norte. Si tenemos en cuenta que
la mayoría de agricultores del sur practican agricultura de subsistencia,
venden en mercados locales o tienen que tratar con intermediarios ¿Les
beneficia en realidad que los aranceles del norte se desarmen? ¿Este
hecho no sería un nuevo espaldarazo a la agroexportación en detrimento
de la soberanía alimentaria? ¿Cómo se puede combatir la injusticia
liberalizadora con más liberalización? ¿Acaso olvidan que en el norte
también hay pequeños agricultores y en el sur grandes terratenientes
y transnacionales agroexportadoras con poder y voracidad? Que se lo
pregunten al matrimonio de los Kirchner, que durante años criaron a
cuervos sojeros que ahora les están sacando los ojos. Y también que
se lo pregunten a los pequeños campesinos que son expulsados de sus
tierras por la avaricia de unos pocos. También a los bosques que ven
avanzar imparablemente la frontera agrícola. Gustavo Duch, director
de Veterinarios Sin Fronteras, dice al respecto que “Es preocupante
la defensa que desde algunos medios de comunicación y de algunas ONG
de desarrollo se hace del comercio internacional situándolo como herramienta
casi mágica para asegurar el desarrollo. Y desde esos discursos de
lucha contra la pobreza se defiende el papel de la OMC (se anima a los
gobiernos a participar en las cumbres) si es que acepta introducir medidas
regulatorias; o se criminalizan las políticas arancelarias que pueden
proteger a los pequeños campesinos frente a la dura competencia de
los agronegocios. En las políticas agrarias el comercio internacional
no puede figurar como prioridad. Así lo defienden las familias campesinas
integradas en la Via Campesina, y los hechos lo demuestran. Los beneficios
de la exportación del azúcar antaño o de la soja ahora nunca rebosan
hacia los pequeños productores.”53
En julio de
2004 pude asistir al IV Foro Mesoamericano por la Diversidad Biológica
y Cultural, celebrado en el municipio salvadoreño de Carolina. Durante
varios días pude entrevistar a agricultores y expertos de varios países
americanos diferentes. Les pregunté sobre los problemas que ellos enfrentaban
u observaban. Juan Rojas, del Instituto de Permacultura de El Salvador,
destacaba la importación de productos subsidiados y las pésimas políticas
gubernamentales. Macario Santizo, maya quiché guatemalteco, mencionaba
como existe una concentración de las tierras fértiles mientras que
el campesino pobre tiene las peores. Santizo apuntaba también a la
entrada de agroquímicos y sus plagas, así como al cambio en los patrones
climatológicos consecuencia directa del cambio climático. La mayoría
de estos campesinos no disponen de sistemas de regadío y dependen de
la lluvia. Ellos han constatado distorsiones en las fechas de las estaciones
lluviosas y también han sido víctimas de violentos temporales.
Artemio Aguilar
y Romi Palacios, técnicos agrícolas guatemaltecos que trabajan con
agricultores pobres, resaltaron también los problemas climatológicos,
la dependencia hacia los insumos derivados de la revolución verde y
la inexistencia de financiamiento. Sobre el modelo agroexportador reinante
señalaron que “Te han impuesto los precios, la demanda, los volúmenes
de compra, etc.”. Es muy curioso como señalaban un problema que,
alucinantemente, es el mismo que padecen los citricultores valencianos:
el intermediario. Dicen de él que “Es una figura bien conocida
y nosotros lo denominamos de otra manera: El coyote. El que tiene menos
riesgos en la inversión y el que más gana es el intermediario.”
Generalmente el coyote se aprovecha de que el agricultor no tiene vías
de comunicación, transporte para sus productos y un mercado seguro
(Posiblemente indefenso ante las importaciones subsidiadas). La incertidumbre
generada por estos factores obliga al campesino a vender de cualquier
manera al coyote, que ofrece transporte y salida al producto. Algunas
veces de un intermediario local que transporta la cosecha, se pasa a
uno regional que la procesa y luego a otro nacional que la exporta.
El agricultor, al igual que en Valencia, paga caro el paso por esta
cadena pues el coyote se acaba embolsando entre el 50 y el 75% del valor
final.
Cesar Morales
es mexicano, concretamente de Chiapas. Cuando lo entrevistaba era miembro
de un comité cívico de carácter local que tenía vínculos con el
campesinado. Morales coincidió con sus compañeros al señalar problemas
como la inexistencia de políticas públicas. No existen subsidios ni
créditos, solamente para amigos y conocidos de personas bien ubicadas
en el poder. Hasta las instituciones que apoyaban a campesinos se han
desmantelado. También subrayó los factores meteorológicos asociados
al cambio climático, que no son solventados con el regadío porque
por regla general no existe. Morales criticó fuertemente los tratados
neoliberales que impiden el financiamiento público y desarman los aranceles
permitiendo la entrada de productos subsidiados. También porque privatizan
los recursos (biopiratería). Finalmente habló del intermediario con
escepticismo: “El famoso coyote, donde quiera existen.”
Con las declaraciones
de Teófilo Martínez, del Consejo Cívico de Organizaciones Populares
e Indígenas de Honduras (COPINH), se fue conformando un patrón al
señalar prácticamente lo mismo que sus compañeros. Reprochó duramente
el neoliberalismo especialmente las importaciones subsidiadas, al intermediario
y el pasotismo gubernamental. La palabras de Lorenza Pichinte, campesina
salvadoreña, aportaron una nueva dimensión al mencionar ciertos problemas
estructurales como la pobreza, el analfabetismo, la doble carga laboral
para la mujer campesina, etc. Sin lugar a dudas estos factores son un
lastre molesto para el agricultor pobre. Mencionó por ejemplo que frecuentemente
los padres de las comunidades tienen que pagar materiales de educación
básicos como pupitres o pizarras. Si a esta realidad se le añade los
problemas y dificultades que se han ido desgranando, el cuadro final
es dramático.
Regresando
al presente, en agosto de 2008, Vía Campesina realizó un llamamiento
porque líderes de la organización en Honduras estaban siendo
hostigados. Así mismo son conocidas las presiones y expulsiones por
la fuerza de campesinos en Paraguay, Argentina, Brasil, etc. Estos desalojos,
extorsiones, presiones, secuestros e incluso asesinatos, son constantes
en muchos países del mundo, pero sin embargo son desconocidos por la
opinión pública. Ciertas transnacionales de la solidaridad que se
jactan de defender los derechos humanos, miran a otro lado y centran
sus pomposas campañas en países como China, Irán, Venezuela o Cuba,
ya que su producto solidario es más vendible para la ciudadanía
primermundista que en el fondo es quién paga la cuota de socio
o apadrina niños.
Por lo tanto
y resumiendo: A- Suprimir los aranceles del norte supondría un impulso
al agronegocio que en el sur también está controlado por grandes propietarios,
coyotes y transnacionales. Este hecho alimentaría la avaricia del terrateniente
por apoderarse a la fuerza de más tierra, impulsaría la agroexportación
y sería un obstáculo para la soberanía alimentaria. B- La propiedad
de la tierra y su consiguiente reforma agraria, la integridad de los
campesinos, la ortodoxia neoliberal, el intermediario y los agroexportadores,
el cambio climático, el efecto tóxico y alienante de ciertos insumos,
el financiamiento, las políticas públicas, la pobreza, la protección
de productos estratégicos mediante aranceles, etc. son sin duda alguna
cuestiones más perentorias que la supresión de aranceles en el norte.
8-El problema
que se aborda, como se ha visto, tiene unos orígenes políticos y comerciales.
Por lo tanto sus soluciones tienen que partir desde esos ámbitos. Intentar
suplir la injusticia del comercio con la tecnología es una decisión
irresponsable, falaz y que posiblemente busque o al menos logre el efecto
contrario. El Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias intentó
diseñar un robot para recolectar naranjas.54 Esta tecnología
generaría desempleo y sólo se la podrían permitir unos pocos, con
lo que se puede vislumbrar hacía que intereses dirigen los políticos
los fondos públicos. Los transgénicos son otro ejemplo. Profetizar
con que pueden ser la solución al hambre y los problemas de los campesinos
del mundo resulta una afirmación engañosa, tendenciosa y malintencionada.
Según el Servicio de Estadística Agrícola Nacional de Estados Unidos,
entre los años 1997 y 2002 dicho país perdió más de 85.000 explotaciones
agrícolas.55 Argentina, en 1988 albergaba 421.221 explotaciones
y pasó a 333.533 en 2002, según los Censos Nacionales Agropecuarios
elaborados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la
República.56 Ambos países, en 2002 sumaban el 85% de la
superficie de cultivos transgénicos del mundo y como se observa dicha
tecnología no evitó el abandono de la tierra.
Existe otro
matiz que me gustaría comentar relacionado con ciertas tecnologías
como los transgénicos. Antes se apuntaban los testimonios de campesinos
centroamericanos. Entre otras cosas reconocían que muchos agricultores
carecen de transporte básico y en muchos casos sus tierras están mal
comunicadas lo que dificulta la salida de sus cosechas. En Jalapa, zona
montañosa del norte de Nicaragua, pude ver como se cargaba el techo
y el pasillo de un autobús con sacos de frijoles. En otros muchos casos,
las cosechas dependen de unas lluvias que ya no llegan con la misma
puntualidad que antes y frente a esto no existen sistemas de regadío.
Por el contrario, en el País Valenciano aún se siguen utilizando canalizaciones
y acequias que construyeron los árabes hace unos 8 o 9 siglos atrás.
Es muy curioso
y a la vez sospechoso, que se presente una tecnología de última generación
como los transgénicos como una herramienta al hambre y la pobreza,
a unos campesinos, que carecen de tecnologías o infraestructuras decimonónicas
que en otros lugares hace siglos que existen. Dicho de otra manera,
es extraño que a un campesino se le quiera embaucar en paquetes tecnológicos
y “semillas milagrosas” propiedad de empresas transnacionales, cuando
no dispone de una mísera carretera por la que poder transportar su
“cosecha milagrosa”. ¿No da la sensación de que alguien quiere
construir la casa por el tejado? ¿O será que ciertas tecnologías
se crearon para perpetuar el actual modelo y beneficiar a unos pocos?
Además, desde organismos multilaterales y desde el politiquismo corrupto
se ensalzan las propiedades sobrehumanas de estas semillas, mientras
propugnan e implantan ajustes fiscales que asfixian a países e impiden
que éstos puedan ayudar a sus campesinos e invertir en agricultura
y en infraestructuras básicas, públicas, elementales y sobre todo
estratégicas y necesarias para el desarrollo. ¿No son paradójicos
y contraproducentes estos hechos?
9-Como conclusión
final, tanto en el norte como en el sur los agricultores tradicionales
están en peligro de extinción. Ni los unos ni los otros se benefician
de la actual situación y es infructuosa la distinción por razón geográfica.
Más bien es urgente la cohesión y cooperación a nivel mundial para
señalar claramente el problema y exigir a las autoridades soluciones
políticas reales, cuyo eje principal sería excluir a la agricultura
de la ortodoxia liberal. Canalizar dicha lucha será tarea de las organizaciones
agrarias y ante la falta de voluntad política habría que plantearse
de una vez por todas medidas de presión más fuertes que además fueran
coordinadas e implementadas por las diversas organizaciones agrarias
del mundo. No hacerlo supondría escurrir el bulto y plegarse ante el
fundamentalismo del mercado.
Epílogo: la crisis de
alimentos de 2008 deja a cada uno en su sitio.
En más de
40 países del mundo se estuvieron produciendo altercados ante el aumento
vertiginoso en los precios de los alimentos. Según la Unión Internacional
de Trabajadores de la Alimentación (UITA), los alimentos a nivel mundial
subieron un 90%, se duplicó el valor del trigo en un año y otros granos
y alimentos básicos sufrieron espectaculares aumentos. El propio Fondo
Monetario Internacional (FMI) augura 100 millones de posibles hambrientos.57
Sin duda alguna,
el modelo hace aguas por todas partes y se empieza a ver la verdadera
cara de esa libertad de mercado que prometía mejores precios y bienestar.
Se atribuye la crisis a la suma de varios factores, aunque varía la
importancia que cada autor le confiere a un factor u otro. La subida
del precio del petróleo sería una causa importante en algunos lugares
del mundo, pero por ejemplo en Europa dicho incremento se debería contrarrestar
parcialmente con un euro cada vez más potente. Además tampoco explicaría
los vertiginosos aumentos acaecidos en un periodo de tiempo reducido.
Otras causas puestas en el tapete han sido las malas cosechas en algunos
puntos del globo motivadas por sequías y temporales consecuencia del
cambio climático. Sin embargo UITA resta importancia arguyendo por
ejemplo que la mala cosecha de granos en Australia “…no ha agregado
más del 1,5% al precio mundial del trigo”.58 El aumento
en el consumo de carne y leche en países como India y China también
se señala como motivo del incremento. Pero para UITA este hecho no
justifica la crisis por cuanto “…la demanda creciente de proteínas
de origen animal ha sido constante y no explosiva. No puede explicar
el incremento del 31% en el precio del arroz que ocurrió apenas en
los últimos días de marzo o el incremento del 400% en el precio de
las tortillas mexicanas”.
Hay dos factores
que sí suman más consensos: por una parte la especulación en el mercado
alimentario, y por otra parte, el cambio del rol de la tierra impuesto
desde la óptica liberal que microniza la seguridad alimentaria en beneficio
del agronegocio. O sea, la tierra ya no debe parir alimentos, sino aquello
que sea más rentable ¿Y qué es aquello más rentable? Pues paradójicamente
productos que acaban en el primer mundo. Tres casos destacaré.
Primero, los
agrocombustibles (mal llamados biocombustibles). Desde hace años
miles de organizaciones agrarias, ecologistas, ONG’s, etc. han advertido
que la transferencia de alimentos del estómago al depósito del coche
iba a elevar el precio de la comida. Los países del norte bien saben
que para llegar a los objetivos de producción de agrocombustibles que
ellos mismos se han establecido, necesitan inexorablemente los campos
y las tierras del sur, lo que significa una reducción de la superficie
para alimentos. El arrollador aumento del valor del maíz en México
a principios de 2007, fue simplemente un aviso de lo que estaba por
venir.
Después no
ha existido debate, la propaganda oficial ha ensalzado las discutidas
propiedades ecológicas de los agrocombustibles y los medios de comunicación
de masas, una vez más, han silenciado las voces disidentes y han sido
parciales en su información. En países como España, el gobierno de
seudo izquierdas de Rodríguez Zapatero permite situaciones deplorables
como que la que sufren los citricultores tradicionales valencianos,
mientras subvenciona y patrocina a bombo y platillo el cultivo de agrocombustibles.
El mensaje es tan claro como desolador: “Sr. agricultor, si quiere
vivir de la tierra deje de producir alimentos y cultive gasolina”.
Ahora, los
avisos que las organizaciones de la sociedad civil proclamaban años
atrás, son refrendados hasta por reverendos del libre mercado como
el presidente del Banco Mundial Robert Zoellick u organizaciones como
la OCDE o el FMI. El ex relator especial de la ONU para el derecho a
la alimentación, Jean Ziegler, llegó a afirmar que “Es un crimen
de lesa humanidad quemar alimentos para generar agrocombustibles”.59
Sin embargo,
la seguridad alimentaria no se ha visto afectada únicamente por el
cultivo de agrocombustibles. De la tierra donde antes brotaban alimentos
ahora también lo hacen cultivos destinados a forraje para las
granjas del primer mundo. Antes Argentina era conocida como el granero
del mundo, ahora peyorativamente se le denomina “republiqueta sojera”
porque con datos de febrero de 2008, más de la mitad de la superficie
cultivable del país alberga soja que en un 95% es exportada.60
Es el primer país del mundo en exportación de harina y aceites de
soja, primero en girasol, segundo en maíz, tercero en soja y cuarto
en trigo.61 Este modelo agroexportador ha generado una entrada
de divisas pero ¿Cómo ha repercutido en la sociedad?
Según datos
del Informe Sobre Desarrollo Humano 2007-2008 del PNUD, Argentina tenía
menos del 2,5% de población desnutrida entre los años 1990-1992 y
ascendió al 3% entre 2002-2004,62 debido a la fuerte crisis
de finales de 2001. Si bien datos más recientes reducen el porcentaje
de desnutrición, numerosas organizaciones como la Central de Trabajadores
de la Argentina o el Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo, desconfían
de las cifras oficiales y afirman que siguen muriendo personas de hambre
(sobre todo indígenas).63 En los últimos años y según
los diversos informes “Panorama Social” que anualmente edita la
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Venezuela
y Argentina fueron los países en América que más disminuyeron la
pobreza.64 En el año 1999, el 23,7% de los argentinos era
pobre. Dicha cifra se duplicó en 2002 por la espectacular crisis, para
luego bajar de nuevo al 26% en 2005 y al 21% en 2006. Sin embargo, diversos
analistas entrevistados por la agencia IPS indicaron que durante el
año 2008 la tendencia se podría revertir por el alza de los precios
de los alimentos. Para finales de año la pobreza podría escalar a
un preocupante 30% y el sector indigente podría tener más dificultades
para adquirir alimentos que en la crisis de 2001-2002. La inflación
en el último año, calculada por estos expertos, es 3 veces mayor a
la publicada por el gobierno, es de las más elevadas del continente
y está fuertemente influenciada por el alza de los alimentos.65
Teniendo en cuenta estos datos ¿A quién beneficia que Argentina sea
el primer exportador a nivel mundial de girasol, segundo de maíz, tercero
de soja y cuarto de trigo?
GRAIN advierte
que en los países del sur “…las tierras fértiles fueron reconvertidas
de la producción de alimentos para abastecimiento de un mercado local
a la producción de commodities mundiales para
la exportación o cultivos de contra estación
y de alto valor para abastecer los supermercados occidentales. Si
las cosechas se destinaran para los estómagos, posiblemente se podría
alimentar al doble de la población mundial. El problema es que un porcentaje
muy elevado se desvía hacia los caprichos del norte. El estado español
por ejemplo, importa un 66% más de alimentos que hace diez años y
muchos de ellos podrían producirse localmente.66 Esta metamorfosis
del campo y la supremacía del agronegocio, presionan los precios de
los alimentos y como informa GRAIN “Hoy, aproximadamente el 70%
de los llamados países en desarrollo son importadores netos de alimentos.
Y de las 845 millones de personas con hambre en el mundo, 80% son pequeños
agricultores y agricultoras.”67
Según la FAO, en el último año los países pobres gastaron un 40%
más de dinero en importar alimentos. Respecto a 2000 dicho gasto podría
multiplicarse por cuatro.68 El no cultivar alimentos y el
paulatino exterminio de la agricultura tradicional sitúa en riesgo
de hambre a muchas personas. ¿A quién ha beneficiado la transformación
de la tierra de los países del sur en factorías y huertos del primer
mundo?
Sobre la especulación
en el mercado agrícola, la organización GRAIN cita una fuente que
estima que el dinero especulativo en alimentos creció de los 5.000
millones de dólares en 2000 a los 175.000 en 2007. Según esta misma
organización, unas pocas transnacionales de granos, semillas, agroexportadoras,
productos agroquímicos así como grandes cadenas de supermercados,
lograron el año pasado y siguen generando ahora extraordinarios beneficios
gracias a que conforman oligopolios y controlan toda la cadena productiva.69
Detenerse a pensar fríamente es espeluznante, pues no se llega a entender
como existen personas que están dispuestas a enriquecerse a cambio
de hambre. Tampoco se entiende porque la clase política no interviene
los mercados para frenar esta práctica terrorista. Con estos datos
se vislumbra quién se beneficia y quién sale perjudicado gracias a
la sacrosanta y falsa libertad de mercado. Además el patrón se repite
en otros sectores de la economía. Los precios del petróleo y de la
vivienda están por las nubes mientras grandes multinacionales petroleras
y constructores se hacen multimillonarios.
Durante este
trabajo se ha hablado varias veces de la figura del intermediario. Sería
injusto dejar fuera del mismo la figura de las multinacionales agroexportadoras,
que en el fondo son grandes intermediarios que, o bien tienen sus fincas
en el sur, o bien acaban comprando la producción local para luego exportarla.
Algunas de sus prácticas pueden conocerse en mi libro “El parque
de las hamacas”, que analiza el caso de miles de personas enfermas
por el contacto con el peligroso agroquímico DBCP, que tuvo lugar en
las fincas bananeras de América Latina durante los años 70. Muchas
de estas empresas fueron responsables de que a muchos países se les
denominara peyorativamente “Repúblicas bananeras”, pues eran gobernados
por ellas y sus intereses. Dichas compañías protagonizaron matanzas,
golpes de estado y en fechas recientes alguna fue condenada por traficar
con armas. La UITA o la Coordinadora de Sindicatos Bananeros de América
Latina (COLSIBA), tienen documentados infinidad de informes y denuncias
por las prácticas de las agroexportadoras.
En algunos
cultivos como el propio banano, unas pocas transnacionales manejan casi
todo el pastel del comercio mundial de dicha fruta. Esto les confiere
una posición de privilegio que no dudan en explotar. Han sido señaladas
por comprar a precios bajísimos a productores locales, y en sus fincas
o en aquellas que les venden la producción, la animadversión por los
sindicatos alcanza cotas esquizofrénicas.
Regresando
a la crisis de los precios, otro factor influyente viene dado por la
dependencia a los fertilizantes y productos químicos que están acaparados
por unas pocas empresas, lo que ha derivado en aumentos espectaculares
en sus precios de venta. Según ejecutivos de Bayer y Monsanto, los
fertilizantes suponen el 35% de los costos de producción y en un año
el valor de éstos se ha duplicado.70 En México, desde la
desnacionalización de la industria petrolera no se fabrican fertilizantes.
Ahora son suministrados por multinacionales y el precio de se multiplicó
por seis en dos años.71 Este hecho también ha contribuido
a la subida de los precios de los alimentos y junto al peligro para
las personas (como queda patente con el caso del DBCP), el medio ambiente
y la extrema dependencia al petróleo de los agroquímicos, plantea
la necesidad urgente de fomentar y dirigir recursos hacia una agricultura
ecológica, local y a pequeña escala.
A estas causas
se podría añadir otra desgranada en este trabajo: la desaparición
en las últimas décadas de millones de agricultores y la consecuente
concentración de la tierra y el agronegocio en manos de un oligopolio
que establece las condiciones y especula. O dicho de otra manera, el
cambio de paradigma que el neoliberalismo ha introducido en la agricultura:
de la tradicional donde millones de pequeños agricultores cultivaban
para comer y/o trabajar, de una manera más respetuosa con el medio
ambiente, conservando variedades autóctonas, fomentando los tejidos
rurales, enriqueciendo la diversidad cultural, participando en el desarrollo
de sus comarcas, generando puestos de trabajo y contribuyendo a la seguridad
alimentaria en sus territorios; se ha pasado y se fomenta la agricultura
donde la premisa única y fundamental es el negocio, la concentración
y la acumulación paranoica del capital. Para ello se ha fomentado el
agronegocio industrial desde organismos multilaterales y gobiernos cipayos.
Los créditos a pequeños agricultores se han ralentizado o congelado,
se ha tolerado que fueran expulsados de su tierra y que sus cosechas
naufragaran ante la producción externa. Se engatusó a los países
del sur para que abandonaran el cultivo de alimentos en favor de unos
agrocombustibles y commodities
que generarían ingresos para importar la comida. La inversión pública
en agricultura de estas naciones adelgazó considerablemente. Según
Jacques Diouf, Director General de la FAO, “…la ayuda otorgada
a la agricultura en el ámbito del desarrollo pasó de 8000 millones
de dólares (usando como base el año 2004) en 1984 a 3400 millones
de dólares en 2004, (…) En porcentaje, durante el mismo período,
disminuyó la proporción de la ayuda pública al desarrollo correspondiente
a la agricultura, que pasó del 17 % en 1980 al 3 % en 2006. En los
presupuestos de las instituciones financieras internacionales se registró
una drástica reducción de los fondos destinados a las actividades
que constituyen el principal medio de vida del 70 % de los pobres del
mundo. En un caso revelador, el porcentaje de la cartera de préstamos
asignado a la agricultura por una institución pasó del 33 % en 1979
al 1 % en 2007.”72
Ante semejante
caos, en lugares como Europa las autoridades derrochan grandes sumas
de dinero público subvencionando a grandes terratenientes, aristócratas,
monarcas, etc. Apuestan ciega e incondicionalmente por tecnologías
como los transgénicos, que en un pasado fueron publicitados como una
especie de criaturas divinas y milagrosas. Amigos de la Tierra ha publicado
recientemente un interesante informe donde se descubre el buen rollo
existente entre altos cargos de la Comisión Europea y EuropaBio (lobby
de la biotecnología). Este curioso compadreo no dispersa los nubarrones
de la actual crisis alimentaria y ofrece una explicación más convincente
al fanatismo biotecnológico de las autoridades europeas.73
Por el momento,
se han escuchado dos propuestas para frenar la crisis. Una se podría
definir como un “peligroso parche caritativo” de urgencia consistente
en aumentar el dinero que se destina a la compra de alimentos a través
del Programa Mundial de Alimentos. Decir que con una gran parte de ese
dinero se compra los excedentes de granos generados en USA para llevarlos
a los países necesitados. En algunos casos se ha denunciado que esa
comida llega a los mercados desplazando la producción local. Además
hay un razonamiento que salta a la vista: Lo más lógico sería comprar
esa comida en el mismo país donde va a ser consumida o en países cercanos,
y no comprar la sobreproducción estadounidense fruto de políticas
proteccionistas que los integristas del mercado prohíben tajantemente
en el sur.
La segunda
medida es el anuncio de que debe aumentar la superficie agrícola para
producir más alimentos, lo cual no tiene mucho sentido si tenemos en
cuenta que supuestamente hay cultivos para alimentar a 12.000 millones
de personas. Además si se eleva dicha superficie la frontera agrícola
avanzará sacrificando bosques y selvas. Es decir, se cultiva agrogasolina
para supuestamente reducir las emisiones de CO2 pero se encarece el
precio de los alimentos; para frenar el incremento se aconseja aumentar
la superficie de cultivo, pero esto redundará en un avance de la frontera
agrícola y los bosques talados para cultivar dejarán de absorber CO2
y el carbono fijado en su interior regresará a la atmósfera. He aquí
un caso típico donde una muy buena pescadilla se muerde terca y ferozmente
la cola.
En Europa,
a finales de mayo, las autoridades revisaron la Política Agraria Común
(PAC) en busca de soluciones a las crisis. El rechazo fue evidente por
parte de algunas organizaciones agrarias. COAG advirtió que este “chequeo
médico”: “…sigue en la línea del desmantelamiento de la única
política común de los 27, profundizando en las principales medidas
que sirvieron de base en la reforma de la PAC de 2003: liberalización,
desregulación, desacoplamiento de las ayudas (no ligadas a la producción)
y recortes de los apoyos para el sector agrario. La experiencia ha hecho
visibles las negativas consecuencias que este patrón está teniendo
para agricultores y consumidores: el precio de los productos básicos
se ha disparado, provocando problemas de acceso a los alimentos para
la mayoría de la población. Al mismo tiempo, los agricultores y ganaderos
reciben precios que no les permiten cubrir los costes de producción
(que en el último año han subido de medio más de un 60%), de ahí
que muchos estén abandonando una actividad que es fundamental para
el mantenimiento de nuestros pueblos.”74
El resentimiento
también se hizo patente tras la Cumbre de la FAO en Roma, celebrada
a inicios de junio. Las organizaciones sociales que realizaron su propio
foro, Terra Preta, se mostraron fuertemente decepcionadas tras
los acuerdos conseguidos por los “representantes de los pueblos”.
Algunas afirmaciones de éstas fueron: “La declaración final no
llenará ningún plato. Las recomendaciones de más liberalización
provocarán más violaciones del derecho a la alimentación”,
“Los reclamos de los movimientos sociales de más protección y apoyo
a los productores en pequeña escala sostenibles, de reforma agraria
y de medidas concretas contra la especulación financiera, han sido
totalmente ignorados por los gobiernos”,
“Es una gran decepción que los gobiernos todavía no reconozcan que
la crisis actual es resultado de décadas de ajuste estructural que
ha violado sistemáticamente el derecho a la alimentación”,
“Es una vergüenza que algunos gobiernos no impidan a las compañías
internacionales procesadoras de semillas, granos y alimentos aprovechar
la crisis alimentaria para aumentar sus beneficios”.75
¿Y que se
podía esperar de la cumbre del G-8 celebrada en el mes de Julio en
Japón? Pues más de lo mismo, pero como espectacular guinda a este
bochornoso espectáculo, varios agricultores coreanos de Vía Campesina
que habían viajado a Japón, fueron detenidos, deportados y señalados
como posibles perturbadores de la cumbre.76
Nadie con poder
se plantea hasta el momento lo que miles de organizaciones reclaman
desde hace años: que no se apliquen los criterios neoliberales que
desplazan al agricultor, concentran la oferta, favorecen la exportación
y desatienden el cultivo de alimentos. Es necesario para frenar situaciones
como las que se viven en la actualidad que las autoridades intervengan
para garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria de los pueblos.
Vía Campesina lo dice así: “La crisis actual pone de manifiesto
que no se puede jugar con la alimentación y que la regulación de los
mercados tanto a nivel internacional como a nivel europeo es indispensable
para la seguridad alimentaria de las poblaciones.”77
COAG va en la misma línea: “La UE debe cambiar su política neoliberalizadora
radical de abandono de la regulación de mercados y debe reinstaurar
los mecanismos que eviten la fluctuación de los mercados agrícolas
y garanticen unos precios a los agricultores que superen sus costes
de producción.”78
Esta crisis
de la alimentación y sus causas no son coyunturales sino claramente
estructurales. Este modelo agrícola en particular y de desarrollo en
general está agotado. Tengan en cuenta que será muy complicado que
el año que viene el petróleo se abarate, que cambien los patrones
de consumo, que cesen los temporales y sequías consecuencia del cambio
climático, que se impulse la seguridad alimentaria en detrimento del
agronegocio y que los inversores dejen de enriquecerse a cambio de hambre
y miseria. Por lo tanto, es hora de que los estados intervengan para
dar soluciones positivas y efectivas que redunden favorablemente en
los consumidores, agricultores, ganaderos, pescadores, etc. Y si los
estados no adoptan estas medidas, las organizaciones sociales, especialmente
las agrícolas, deberían pensar seriamente tomar las calles y las carreteras
porque desgraciadamente, en las democracias burguesas esta medicina
es la única que entiende la corruptela del poder.
Algunos/as,
los y las políticamente correctos, ya estarán pensando que soy un
radical. Para mí que tienen la escala de valores un poco oxidada. Para
mí radical es un mundo donde cientos de millones de personas sufren
la zozobra del hambre porque unos cuantos agroterroristas quieren
acaparar más poder y capital. Donde se despoja al campesino, se le
expulsa de la tierra o se le sumerge en huracanes doctrinarios que no
comprende. Para mí eso sí que es radical, pero, allá cada uno con
sus principios.
Categoria: Valencia, Comunidad Valenciana
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