OSÉ MARÍA EXPÓSITO
BARCELONA
Ni apesadumbrado ni arrepentido. Eufemiano Fuentes, el médico que manejaba los hilos de la operación Puerto, no solo sigue defendiendo su actuación como eje del mayor escándalo de dopaje de la historia del deporte mundial calificándola de “ayuda al deportista” y “medicina terapéutica”. Envalentonado, el ginecólogo canario se ha atrevido a afirmar que no le extrañaría que algún día le reconocieran su labor con la concesión del premio Nobel.
Desde que estalló el escándalo de la operación Puerto, Fuentes ha intentando ponerse la etiqueta de salvador de los deportistas ante las exigencias desaforadas del deporte de alta competición. Y esa teoría mantiene en la entrevista que hoy publica el semanario alemán Stern. “El deporte de alto rendimiento es un circo en el que la salud del deportista es algo secundario”, sostiene, y pone el ciclismo como ejemplo: “El cuerpo de un ciclista no está hecho para tres semanas de esfuerzo continuo”.
DE ACUSADO A SALVADOR
En anteriores ocasiones –desde que el juez ordenó archivar la operación Puerto el ginecólogo se ha prodigado en conferencias y debates– el médico había defendido que a su llegada al mundo del ciclismo, en los años 80, cada corredor tenía su propia maleta de productos dopantes, y que él instauró el botiquín único, en manos de un experto. “El suministro de una sustancia por parte de un experto es algo distinto al dopaje”, justifica.
Partiendo de esa premisa, Fuentes, que estuvo acusado de delitos contra la salud pública –escapó gracias a la permisiva ley antidopaje que regía en España durante la anterior legislatura–, pide ahora ser rehabilitado y reconocido por la Real Academia de las Ciencias de Suecia. “Tal vez me den en 20 años el premio Nobel. O tal vez me hagan un monumento. O quizá me maten”, explica con aires de mártir y sin especificar si aspira al galardón en la categoría de Medicina o de Química.
DEPRIMIDO Y LUCRADO
Fuentes fue detenido en Madrid en mayo del 2006 –junto a los directores Manolo Saiz y José Ignacio Labarta y el también médico José Luis Merino– cuando la Guardia Civil clausuró un laboratorio clandestino en el que se hallaron bolsas de sangre congelada y plasma sanguíneo identificadas con claves, planes de entreno, má-
quinas de congelación y centrifugado de la sangre y todo tipo de sustancias dopantes. En la entrevista concedida a Stern se queja del trato que le dio la justicia española al ser arrestado y explica que ni siquiera le dejaron llamar a su mujer. Según afirma, atravesó una época de fuertes depresiones que, con la ayuda de un psicoterapeuta, está superando.
Eufemiano trabaja ahora como médico de familia en un centro de salud en Gran Canaria –”ahora puedo prescribir casi cualquier medicina sin tener que pensar en controles antidopaje”, ha bromeado alguna vez– donde gana unos 2.500 euros al mes, lejos de los 70.000 anuales que ingresaba solo por el tratamiento de Jan Ullrich, su principal cliente.
Fuente: http://www.elperiodico.com/



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