José Jiménez - Finanzas.com
30/03/2007 (16:16h.)
¿Ha tenido alguna vez la sensación de que todo está mucho más caro y de que el sueldo no le alcanza para llegar a fin de mes? Bien, pues no es una sensación injustificada sino una cruda realidad, si se analiza la evolución de los salarios reales en los últimos años.
El pasado lunes cuando el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, dijo en el programa de TVE “Tengo una pregunta para usted” que el precio del café en un bar era de 80 céntimos, quedó claro que estaba muy alejado de la realidad de la calle y tal vez desconocía un ‘cocktail explosivo’ que ha ido minando en los últimos años la capacidad de compra de los españoles. El encarecimiento de los precios y el hundimiento de los salarios reales.
Y es que lo importante no es el sueldo que se recibe a final de mes, sino la capacidad de compra que tiene ese dinero una vez descontado (o deflactado) el crecimiento de los precios.
Así, los economistas suelen distinguir entre salarios nominales (o salarios que se reciben en unidades monetarias sin tener en cuenta la inflación) y salarios reales, que descuentan el incremento de los precios y proporcionan una adecuada medida del poder adquisitivo.
A este respecto, tal y como ha comprobado www.finanzas.com para el periodo 1999-2005, los salarios nominales crecieron un 25,94% según datos de la Agencia Estatal de la Administración Tributaria (AEAT), mientras que los precios se elevaron el 21,75%, según datos de IPC publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Vistas así las cosas, podría parecer que los trabajadores no han perdido poder adquisitivo, ya que los salarios se han elevado por encima del crecimiento de los precios. Ello es debido, en parte, a que en las negociaciones de convenios colectivos existe una cláusula de revisión automática de los salarios según la inflación esperada.
De hecho, en el gráfico adjunto se puede observar cómo los salarios nominales (línea azul) crecen durante la mayor parte del periodo analizado por encima de los precios (línea rosa) sólo en 2002 y 2005 registran un aumento inferior.
Sin embargo, para no padecer de ilusión monetaria, resulta imprescindible hacer los cálculos en términos de salarios reales, teniendo en cuenta que el salario real es igual al salario monetario dividido por el índice de precios.
De este modo, tal y como se observa en los cuadros adjuntos, mientras que los salarios nominales entre 1999 y 2005 pasaron de 1.060 euros brutos mensuales a 1.335, con un crecimiento del 25,94%, los salarios reales sólo aumentaron el 3,44%, desde 1.060 euros en 1999 hasta 1.096 euros en 2005.
En todo el periodo analizado, los precios han crecido a una tasa media del 3,3%, los salarios nominales del 3,92% pero los salarios reales han aumentado tan sólo a una tasa media del 0,57%.
El mejor año para los asalariados fue 2004, con un aumento del salario real del 1,56%, debido a que se combinaron una subida de los salarios nominales del 4,65% con un crecimiento de la inflación del 3,4%. Sin embargo, en 2005 los salarios reales perdieron crecieron a una tasa negativa del -1,3%, debido a la elevada inflación (3,37%) y al bajo crecimiento de los sueldos (2,30%).
La consecuencia es que los precios han aumentado 18 puntos porcentuales más que los salarios reales, lo que se traduce en una constante pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores.
En todo caso, tal y como recordó a Finanzas.com Gregorio Izquierdo, director del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos y profesor de Economía aplicada de la UNED, las estadísticas de salarios medios hay que leerlas con especial cuidado, ya que cada vez se incorporan nuevos colectivos y la muestra no resulta homogénea. Además, en su opinión, los salarios crecen a un ritmo moderado y gracias a eso es posible la creación de más empleo.
La misma idea sobre contención de sueldos sostiene el Gobernador del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, quien ayer mismo defendió la moderación salarial para garantizar la creación futura de puestos de trabajo, sobre todo en los países que tienen un desempleo elevado, que no son competitivos o que tienen un nivel bajo de progreso, entre los que incluye a España.
CON EL EURO, TODO ES MÁS CARO
Pero el problema es que los salarios han perdido constantemente poder adquisitivo y la situación para los consumidores se ha agravado aún más desde la llegada del euro en 2002, puesto que todo es mucho más caro.
Según muestra un estudio elaborado por la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU), los precios de los productos y servicios más cotidianos son un 60% más caros que cuando se pagaba en pesetas, hace cinco años.
En concreto, CEACUU ha comparado los precios de 59 artículos de consumo cotidiano en 2001 (cuando todavía eran en pesetas), en 2002 (tras la introducción de la nueva moneda) y, finalmente, en la actualidad, tras cinco años de euro.
“La conclusión incontestable es una subida generalizada y desproporcionada de los precios, liderada por las primeras subidas en 2002 en servicios públicos o regulados (transporte, tarifas postales, telefónica, lotería), en hostelería y en alimentación” indica el estudio.
De esta forma, la barra de pan ha subido un 100%, las cebollas, las sardinas o el cerdo en torno al 70% o un menú del día el 60%.
Junto a este encarecimiento de los precios, de hasta un 60% en los productos cotidianos, como demuestra CEACCU, el salario real de los españoles ha permanecido estancado durante seis años.
Así, justo cuando se adoptó la moneda única, en 2002 el salario medio real (descontada la inflación) de los españoles era de 1.080 euros y tres años después era tan sólo de 1.096 euros, lo que supone una subida del 1,5%. Pero tomarse un café con leche, que en 2001 valía 120 pesetas, cuesta hoy en día 1,30 euros (216 pesetas), lo que supone una subida del 80% respecto a 2001, algo de lo que todo el mundo es consciente, como quedó demostrado esta semana.
Además, el análisis elaborado por www.finanzas.com sobre el salario real ha tenido en cuenta los datos del INE sobre el IPC, cifras que en ningún caso reflejan el brutal encarecimiento de algunos precios de uso común. De haberse considerado estos precios (algo que valdría como ejercicio de simulación, pero alteraría la composición del IPC), el resultado habría sido muy distinto.
Nota metodológica sobre las fuentes de información
Fuente: http://www.finanzas.com/






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