• Apenas el 3% de los niños con tristeza enfermiza han sido diagnosticados
• El ronquido a una edad temprana puede causar un déficit en el cociente intelectual
Cuando un niño de 10, 6 o 2 años sufre una depresión –incluso los lactantes llegan a experimentarla– y el sufrimiento se prolonga meses, sus padres pueden pensar que la actitud retraída, triste y desvitalizada que marca la vida cotidiana del pequeño es parte de su personalidad y que, por tanto, no hay que actuar.
Ese error, bastante habitual, explica que apenas el 3% de los niños afectados por una verdadera depresión estén diagnosticados, un desconocimiento que los psiquiatras ven más determinante que si afecta a un adulto.
“De una persona adulta conoces qué personalidad tenía antes de enfermar y puedes reconocerla cuando pasa el episodio depresivo y vuelve a ser la que era”, explica el psiquiatra Manel Alfonso Simón, que participa en el congreso de pediatría que ayer se inició en Barcelona. Con un niño, prosigue el médico, no tienes ese patrón previo y, además, existe el riesgo de que la depresión le moldee la personalidad.
“Un niño con depresión puede adquirir una forma de ser depresiva que le marque toda la vida –sostiene el psiquiatra–. Ese chico siempre tenderá a evitar lo que es vital, lo que hace disfrutar y las situaciones estimulantes o arriesgadas. Se quedará sin herramientas para ser feliz”.
El doctor Alfonso, del Hospital de San Rafael de Barcelona, defiende que a los niños con depresión es necesario apoyarlos con psicofármacos, aunque reconoce que la mayoría de los padres son reacios a la idea de poner a su hijo en tratamiento.
DESINTERÉS POR TODO
Las razones que desencadenan este sufrimiento psicológico en niños sin aparentes problemas siempre son una combinación de factores bioquímicos, internos, y situaciones familiares o escolares que los pequeños viven como muy estresantes.
Irritabilidad, tristeza, aislamiento, desinterés por todo, incapacidad para disfrutar e ideas suicidas son los signos depresivos de quienes sufren el proceso a partir de los 8 o 10 años, y de forma más intensa en la adolescencia.
El congreso de pediatras aborda asimismo el fenómeno de los niños que roncan –el 12% de los nacidos en Catalunya–, malestar que también es más grave en un niño que en un adulto. “Un hombre de 30 años que ronca no está enfermo, salvo si sufre apneas, pero si esa respiración ruidosa la emite un niño, hay que ir al médico porque las consecuencias pueden ser graves”, afirma el otorrino Jordi Coromina, del Centro Médico Teknon.
“Un niño roncador sufre hasta 200 microdespertares nocturnos y tiene una alteración proteica –explica–. Esto puede causarle un déficit intelectual de casi 10 puntos en el cociente intelectual”.
Fuente: http://www.elperiodico.com/



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