“Los hombres en general juzgan de lo pasado según su justicia, y de lo presente según sus intereses” séneca.
Con esta frase podríamos resumir el atropello o mejor dicho, los atropellos que en la historia reciente se han producido contra las y los profesionales de los medios de comunicación
El último acto vergonzoso de estas injusticias se producía recientemente contra los periodistas de un medio radiofónico por contar, como es su obligación moral y profesional, los chanchullos e “irregularidades” del PP, que para evitar que salga a la luz pública un nuevo escándalo en sus filas arremeten contra quien sea, organismo público o empresa privada de tendencia distinta a su pensamiento electoral, lo cual, deja claros indicios que existe un trasfondo político en todo este caso al igual que en otros anteriores que todas y todos recordamos, como los secuestros de publicaciones o amenazas y cierres de editoriales.
Pero con toda la gravedad que tienen estos hechos, la mayor agresión a los Derechos Fundamentales de las y los profesionales de la información, es el continuo, histórico y permanente deterioro en las condiciones laborales impuestas para poder ejercer la profesión con un mínimo de dignidad. La precariedad más absoluta en las relaciones laborales y las exigencias del sector para poder ejercer la profesión, son cada día que pasa más ofensivas, con la presión permanente de la práctica desaparición de las Empresas del sector que causa un deterioro en la propia calidad del trabajo realizado de los y las compañeras donde es prácticamente imposible, luchar contra la censura del sistema y soportar los márgenes impuestos sobre lo que se puede o no se puede publicar.
En los años ochenta, por no ir más allá en el tiempo para evitar suspicacias socio-políticas, a pesar de que esta siempre ha sido una profesión de alto riesgo, decir “soy periodista” te llenaba de orgullo ya que sentías que la propia sociedad te respetaba por tu profesión e incluso agradecía tu valor por atreverte a ejercerla con dignidad y compromiso, recordando siempre que al igual que en todos los ámbitos socio-laborales, han existido unas grandes diferencias de condiciones profesionales y salariales en base al medio u órgano para el que trabajases, y donde solo unos pocos podían vivir con suficiencia económica de la profesión.
Hoy en día, el estatus socio-laboral de los y las profesionales de los medios de comunicación, ha dejado por tierra esas diferenciaciones, o mejor dicho; en muy breve espacio de tiempo ya no existirán diferencias de cualquier ámbito porque todo el sector en sí y los ámbitos directa o indirectamente relacionados con el, irán a la práctica desaparición porque las condiciones para desempeñar esta profesión ya no las puede soportar nadie, donde en muchísimas ocasiones y circunstancias, cuando no tienes que trabajar para una productora medio pirata, te tienes que pagar el material de trabajo de tu bolsillo a pesar de que de ello, saquen un gran provecho los que manejan las condiciones impuestas y se relacionan con los “gobernantes” de turno que les envían las felicitaciones por el trabajo bien hecho.
La noticia (aunque era un secreto a voces desde hace más de un año) sobre el ERE que el Grupo Zeta presentara en breve ante la exigencia de saneamiento que impone el nuevo comprador de la Voz de Asturias, se convierte en traumático por el altísimo porcentaje de extinciones que según fuentes creíbles adelantan sobre las “negociaciones” que se están llevando a cabo, aunque en estas condiciones, deberíamos hablar de imposiciones y chantaje más que de negociaciones ya que el miedo a perder el empleo se vuelve a utilizar una vez más como moneda de cambio para alcanzar los objetivos del nuevo “dueño” de nuestro centro de trabajo.
No es un caso aislado ni distante en el tiempo, recordar que muy recientemente se han ido cerrando una detrás de otra todas las televisiones locales, dejando tras de sí una situación dramática en el futuro profesional de las y los compañeros despedidos, donde se da el agravante de que cada día quedan menos empresas donde poder desarrollar la profesión para la que estudiaste durante tanto tiempo y en la que habías puesto todas tus expectativas laborales y sociales. En el resto de medios que subsisten, el deterioro permanente de las condiciones provocan el permanente “vuelo de los fantasmas de la viabilidad profesional” que junto a los nuevos métodos de comunicación más accesibles a través de la red, terminan por plantearse un día tras otro la pregunta tan temible; ¿cuando nos tocara a nosotros?.
Con esta situación también se condiciona el calificativo de público o privado ya que, el único medio regional que se implanto siendo anunciado a bombo y platillo por parte del gobierno regional, recientemente ha sido totalmente privatizado a pesar de que ya lo era en la realidad laboral de los trabajadores y trabajadoras de su productora o empresas colaboradoras.
Un conocido y hoy en día afamado periodista, además de colaborador de otros órganos o instituciones, decía hace algunos años que para ganar guerras, lo más inteligente era matar periodistas y no soldados. Pues bien, hoy en día ya no será necesario porque para cubrir el próximo conflicto ya no habrá nadie a quien matar, el propio sector los habrá liquidado.
Cuando era joven, una de las cosas que más satisfacción me producían, era poder disponer de unos minutos al día para hojear un periódico tranquilamente y leer hasta las noticias más pequeñas, esas que casi nadie lee porque se esconden en las columnas laterales de las páginas que son prácticamente invisibles. Este hecho que se puede encuadrar como algo romántico o privilegiado, he intentado mantenerlo en el tiempo a pesar del estrés al que estamos sometidos en esta sociedad. Me gustaría saber a ciencia cierta, que dentro de unos cuantos años, calvo o con canas, pueda repetir este gesto tan gratificante que no es otro que la transmisión de la comunicación
A todas y todos los profesionales de los medios de comunicación, por asumir la valentía y el riesgo que conllevan el desempeño de su profesión a diario y con dignidad.
Antonio Estevez Blanco.



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